Feitiço de Natal, Hechizo de Navidad

Feitiço de Natal

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Aqui, Onde a Chuva Cai,
nos proibiram esse ano de nascer o verão;
no rádio canta, exercita a piedade
e guarde os pulsos para o final.

E lá, Onde a Neve Cai,
moram as Catedrais da Beleza original.
eu fui de avião e apalpei as Torres
tão pontudas, agulhas, como um Pinheirinho Branco.

Com gosto, ali furei os pulsos do dedo indicador
sai uma gota de sangue minúscula
(já passou, assopra, assopra quando-casar-sara)
Agora, pelo feitiço da picada, sei
nosso natal será igualmente Branco
entramos resplandecentes

Agora fico assobiando a White Christmas,
aqui, Onde a Chuva Cai.
Pq as pessoas se põem assim tão lindas,
tão tristemente vistosas,
tão estupidamente delicadas.

O delírio da insônia é por um nosso Natal Branco.
Meus olhos são alérgicos às luzes
e choram pelos cantinhos dos abraços de colegas de trabalho.
Aquelas músicas que irritam tanto,
tenho ganas de abraçar socando alguém
– me dá a outra face, quero beijar as faces inteiras.

E vejo vocês assim tão assustadoramente bonitos
gastando o fio do seus dentes caninos
: um pacote nas mãos, flores e sorrisos,
por bonecas dentro do vidro, que nunca tiveram vida, senão ao sorrirem de volta
vocês tão lindos, escutando e soprando a vida às manequins

Queríamos um Príncipe de Natal, o Príncipe Branco,
este centauro meio-menino, meio-mulher,
que nos acordasse
que nos perdoasse
que nos revivesse
aos beijos, por tantos prantos represados, para esquecermos de dia
esquecermos os pulsos
e nunca mais esquecermos o Ano.

(Bem, está claro que nunca aconteceu nada.
Nos enviam sempre o velho engodo do papai noel.
O feitiço serve é para outras coisas
Aqui, todo ano aqui o natal é ainda vermelho).

* * *

Hechizo de Navidad

Aquí, Donde Cae la Lluvia,
nos han prohibido que a este año le nazca el verano,
en la radio se canta, se ejercita la piedad
y guarda tus pulsos para el final.

Y allá, Donde Cae la Nieve,
viven las Catedrales de la Belleza Original.
Me fui en avión y toqué las Torres,
tan afiladas, agujas, como un Pinito Blanco.
Con gusto perforé los pulsos del dedo índice,
sale una minúscula gota de sangre
(ya pasó, sopla, sopla, cuando te cases sanarás)
y ahora, por el hechizo de esta picadura, sé
que nuestra navidad también será Blanca,
entramos resplandecientes.

Ahora me pongo a silbar White Christmas,
aquí, Donde Cae la Lluvia.
Por qué las personas se ponen así tan lindas,
tan tristemente vistosas,
tan estúpidamente delicadas.

El delirio del insomnio viene de nuestra Blanca Navidad.
Mis ojos son alérgicos a las luces
y lloran por los rinconcitos de los abrazos que me dan
los colegas del trabajo.
Aquellas canciones que molestan tanto,
tengo ganas de abrazar golpeando a alguien
– dame la otra mejilla, quiero besar todas las mejillas.

Y los veo así, tan aterradoramente bonitos,
gastando el filo de sus colmillos
: un paquete en las manos, flores y sonrisas
por las muñecas tras la vitrina, que nunca tuvieron vida,
más allá de las sonrisas que ustedes, tan lindos,
les devuelven, escuchando y soplándole vida
a los maniquíes.

Quisiéramos un Príncipe Navideño, el Príncipe Blanco,
aquel centauro medio-niño, medio-mujer,
para despertarnosensaslos maniqudo y soplando o al sonreir de vueltos resplandeciendo por el aire. lla, sa algo que de a poco se hac,
para perdonarnos,
para revivirnos
con sus besos, por tantos llantos contenidos, para olvidarnos de día,
olvidar nuestros pulsos
y nunca más olvidarnos del Año.

(Bien, está claro que nunca sucedió nada.
Siempre nos envían el viejo cebo de Papá Noel.
El hechizo em realidad sirve para otras cosas.
Por acá, cada año por acá, la navidad sigue siendo roja).

traducción: Alan Mills

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